Un servicio militar poco común

05/Jun/2015

Semanario Hebreo, Ana Jerozolimski

Un servicio militar poco común

Ana Jerozolimski
Entre la variada y multifacética lista de cargos y oficios que desempeñan los soldados en las Fuerzas de Defensa de Israel, junto a las diversas unidades de combate y los desafíos tecnológicos, hay una vertiente muy singular para algunos de los jóvenes que cumplen su servicio militar obligatorio. Aquellos (y aquellas) destacados como músicos, bailarines o deportistas, son reconocidos como sobresalientes en sus respectivos campos, siendo ubicados en puestos que les permiten seguir dedicándose a sus áreas.
Tres veces al año se reúne una comisión especial para analizar el tema, en base a las recomendaciones recibidas de antemano respecto a jóvenes que están por enrolarse y que se sugiere sean reconocidos como deportistas, músicos o bailarines sobresalientes.
Hoy en día hay 600 soldados y soldadas reconocidos como deportistas sobresalientes y 120 como músicos y bailarines.
«El ejército comprende la importancia de que nos sigamos desarrollando en lo que hacemos, ya que eso nos enriquece a nosotros pero también es una forma de seguir aportando a la sociedad y a la cultura del país», nos dice Yedidia Shalib, de 22 años, que fue reconocido como músico sobresaliente y está cumpliendo hoy su servicio militar.
Yedidia, del kibutz Harduf, creció con la música. Desde los 9 años de edad toca chelo y cuenta que era «su sueño» dedicarse a este instrumento. «Desde que lo oí por primera vez supe que ese sería lo mío. Tiene un sonido muy cálido, que me inspira una gran felicidad, es como que transmite un sentimiento humano», nos cuenta, aclarando que también toca el piano. Hoy está cursando el cuarto año de estudios de Música en la Universidad de Tel Aviv, en cuyo marco toma clases sobre teoría musical, orquesta y las particularidades de tocar solo o en conjuntos. Eso lo hace paralelamente al servicio militar «ya que el ejército comprende que es importante seguir estudiando».
En el marco de la universidad, también toca en un Cuarteto Musical de la institución, lo cual hace pocos meses lo llevó a Uruguay, a una presentación especial que organizaron los Amigos de la Orquesta Filarmónica.
Yedidia se sumó a los 12 años a la orquesta de los kibutzim, luego entró a la Filarmónica joven, que acepta miembros menores de 18 años   y al llegar la edad de enrolarse, tenía claro que buscaría la forma de no alejarse de la música. La posibilidad que da el ejército de reconocer a un músico sobresaliente como tal y permitirle continuar desarrollándose en lo suyo aún mientras cumple con su deber nacional, le daba cierta tranquilidad. «La meta, claro está, es preservar los talentos y el futuro cultural del país», explica. «En el caso de los músicos, recibimos la oportunidad de tomar vacaciones especiales cuando tenemos conciertos. Claro que todo requiere de autorizaciones y burocracia, pero las cosas se hacen. Se toma en cuenta también cuando hay alguna competencia o presentaciones en el exterior».
Tras los exámenes que pasó para ser reconocido como músico destacado, la pregunta siguiente era adónde lo destinarían. El primer pensamiento es tocar en una de las bandas musicales de las Fuerzas de Defensa de Israel, pero en el caso particular de Yedidia eso no le venía como anillo al dedo. «La banda oficial del ejército toca a menudo marchando, más que nada tiene instrumentos de viento y mi idea no era ir allí», explica. Sí estuvo un tiempo en la banda de la Fuerza Aérea, que toca canciones israelíes en ceremonias militares, pero tiempo después de comenzar los trámites «comprendieron que el chelo no es muy apropiado para ellos».
Y eso fue lo mejor que le podría haber sucedido. Yedidia no quería simplemente estar en una oficina del ejército en la que los horarios le permitan seguir avanzando con la música, sino también sentir que aporta y que su servicio militar es significativo. Siente que le tocó la mejor opción: ser una especie de «soldado maestro», cuyo servicio consiste en enseñar música a niños residentes en localidades de la periferia, de poblaciones con entorno socio económico complejo.
«A mí en lo personal esto me resulta enriquecedor. Me siento pleno, aprendo mucho de la interacción con los niños, veo cómo al principio no tienen límites y luego entran en un marco de trabajo», relata satisfecho. «Siento que hago algo que tiene sentido, que aporta, veo el cambio en los niños», cuenta con una sonrisa. «Pero además, es importante tomar conciencia sobre la intervención social del ejército».
Le comentamos que uno podría preguntarse qué tiene que ver el servicio militar con un cargo de este tipo. No duda ni un instante al responder. «En el ejército hay una expresión que dice ´el pueblo construye al ejército y el ejército construye al pueblo´, somos todos parte de la sociedad y cuando hay jóvenes que lidian con problemas especiales, el ejército dedica esfuerzos a prepararlos para el servicio militar, de modo que sea positivo para ellos y para la sociedad a la que se deben integrar».
A su joven edad, claro está que Yedidia tiene muchos sueños. «Por ahora, todos tienen que ver con la música, ya que no tengo dudas de que hago lo que me gusta, que esto es lo mío», asegura «Pero no quiero hablar antes de tiempo… prefiero ver por dónde me lleva la vida. Puedo ser solista o tocar en conjuntos, puedo enseñar en una institución respetable… a todas y cada una de estas opciones me puedo dedicar con gran espíritu de entrega y dedicación. Cada una, para mí, es un sueño».
TAMBIÉN EN LA DANZA
Dana Zeharia, de 24 años, se dedica desde hace años a la danza, también hoy enseña, y tiene claro qué importante fue para ella haber podido hacer su servicio militar obligatorio reconocida como «bailarina sobresaliente». «Esto me permitió tener las condiciones óptimas para seguir dedicándome a mi profesión y progresar en ella», cuenta hoy.
Recuerda que a lo largo del año, recibía 90 días libres especiales a fin de participar en espectáculos y ensayos importantes. Cumplía su horario de seis horas diarias en la base central del Estado Mayor en Tel Aviv de modo que ello se adecuaba a la intensa agenda de las prácticas y las presentaciones.
«Si no me hubieran dado el reconocimiento como bailarina sobresaliente, no habría podido continuar con la danza profesional», asegura hoy, explicando que esto requiere una dedicación de por lo menos cinco horas diarias, a fin de poder mantenerse en forma. «Agradezco la oportunidad que se me dio para cumplir mi sueño de ser bailarina profesional», resume Dana.